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“Lo peor está por venir”, lo avanza el último Informe de Crédito y Caución, según el cual la quiebra de empresas se disparará en España un 26% a finales de 2022. Muchas empresas no serán capaces de subsistir una vez se retiren las ayudas públicas actuales.

Quizás sea el momento de analizar las lecciones aprendidas y los factores que permiten a las compañías afrontar con ciertas garantías una crisis intensa. El COVID y las crisis de 2008 han sido una prueba de stress sin parangón.

Identificar la capacidad de resiliencia podría parecer algo sólo al alcance de grandes compañías, acostumbradas a realizar estudios económicos y proyecciones de negocio a largo plazo. Sin embargo, la información y herramientas disponibles hoy en día ponen a disposición de cualquier compañía la posibilidad de realizar este tipo de análisis y proyecciones.

La experiencia nos ha ido mostrando cómo los negocios que han ido superando crisis han seguido un modelo que cumple con determinados aspectos clave, aspectos que emergen cuando nos hacemos las siguientes preguntas:

¿Qué vendo y cómo vendo mis productos o servicios? ¿Tengo una cartera de productos suficientemente diversificada? ¿Cubro necesidades amplias? ¿Son productos o servicios estacionales? … En realidad, estas preguntas me permiten saber qué nivel de vulnerabilidad tienen mis líneas de negocio. ¿Si llega una crisis dejan de comprar mi producto?

¿Quiénes son mis clientes? ¿Mi negocio es nacional, regional, internacional? ¿Tengo acuerdo de distribución? ¿Tengo red propia? ¿Cómo es mi proceso productivo? ¿Tengo dependencia de mis proveedores? ¿Necesito materias primas escasas? ¿Dependo de una regulación cambiante y estricta? ¿Qué papel juega la innovación en mi negocio? ¿Mi cultura corporativa contempla los Criterios ESG? ¿Exijo a mis proveedores y partner un compromiso con los criterios ESG?

Las respuestas a estas preguntas, la sintetizaremos en un concepto “Resiliencia” y lo cuantificaremos en un número: Índice de Resiliencia del Negocio (IRN).

Los 6 factores para resistir ante situaciones adversas prolongadas

  • índice de densidad (IDS)
  • índice de adaptación (IAD)
  • índice de dependencia (IDP)
  • índice de solvencia (ISV)
  • índice de innovación (INN)
  • índice de sostenibilidad (IST)

De tal forma que, si quisiéramos expresarlo matemáticamente, nos quedaría:

IRN= f(IDS;IAD;IDP;ISV;INN;IST)

  • Índice de Densidad mide la capilaridad, la diversificación y amplitud de la oferta y su posicionamiento, así como los mercados en donde se está presente y la población objetivo, un índice de densidad alto indica que la oferta, los clientes, los mercados y el servicio o producto que vendo conforman un negocio estable y sólido. Como ejemplo se encuentran las cajas de ahorro en España antes de 2008, su negocio era regional, su producto se concentraba en hipotecas y su cliente era fundamentalmente persona física. El índice de densidad en este caso era muy bajo.
  • Índice de Adaptación mide la capacidad de ajuste de la estructura de costes ante una reducción drástica de la demanda, sin perder la capacidad productiva de un periodo de expansión económica. En este sentido hemos asistido últimamente a la proliferación de alianzas. En lugar de invertir en estructuras y plantillas más extensas, las compañías buscan ecosistemas, aliados en otras geografías, externalización de aspectos no clave del negocio, subcontratación de personal auxiliar.  
  • Índice de Dependencia contempla los condicionantes del negocio, mi dependencia de proveedores, materias primas, aprovisionamiento, manipulación y distribución del producto… Y por supuesto, los aspectos regulatorios. Quizás el ejemplo más ilustrativo es el de la fabricación de automóviles, la dependencia de los Chips y los escasos proveedores, han puesto de manifiesto la imposibilidad de cumplir con el plan de producción y por tanto de ventas.
  • Índice de Solvencia es el clásico, el que mide la robustez financiera y los riesgos financieros.
  • Índice de Innovación nos permite intuir la capacidad de adaptación de la compañía y constatar que está vigilante ante cambios tecnológicos relevantes en el sector, así como el nivel de implementación de metodologías innovadoras.

Quizás este índice es de impacto menos inmediato, pero la velocidad de los cambios tecnológicos obliga a estar en vanguardia. El sector financiero nos sirve de ejemplo, los bancos digitales están mostrando a los bancos tradicionales que la operativa es más fácil de lo que parece, el on-boarding de clientes usando la información y accesibilidad en bancos digitales es mucho más rápida y sencilla que un banco tradicional, el ejemplo de N26, es muy claro.

Por último, y en este caso su influencia se está constatando ahora, no visualizamos un negocio resiliente sin un nivel mínimo de alineación y compromiso con los Criterios de Sostenibilidad o ESG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza), por lo que el índice de Sostenibilidad será también clave en la resiliencia de nuestro negocio.

Cada uno de estos índices da para un artículo, incluso para un libro, pero creo que, con sentido común y conocimiento del negocio, cada compañía sería capaz de hacer un ejercicio de medición de su riesgo de resiliencia y, por qué no, establecer objetivos en el corto y largo plazo en cada uno de los ámbitos analizados, lo que nos llevaría a disponer de un completísimo Plan Estratégico.